Libros 2007
Aún no lo había contado, pero el propósito para el años 2007 es leer 12 libros. Uno por cada mes.

Hay quien pensará que es como una obligación, y que no se disfruta, pero al contrario, 12 libros es más bien poco. Y que decir, el tiempo que antes perdía en no se que, ahora lo dedico a leer.
  1. La luz fantástica de Terry Pratchett
  2. Ritos iguales de Terry Pratchett
  3. El caso de Jane Eyre de Jasper Fforde
  4. Mort de Terry Pratchett
  5. Los hijos de Anansi de Neil Gaiman
  6. El ascenso de Endymion de Dan Simmons

Lista de 2006.
Añadido el 28 de mayo a las 20:18:20 | Archivado en Libros | 1 Comentarios

Comentarios

#1 2007-08-10 16:59:44 Hola Dijo:
CINE POR DECRETO

Los dueños de salas de cine conocen mejor que nadie las preferencias del público, y por eso han recibido con tanto disgusto el último arranque dictatorial del Gobierno, que pretende fomentar el cine indígena obligando por ley a proyectarlo. Saben que la cinematografía española vive horas bajísimas, que no atrae apenas clientela, y se oponen a una coacción que únicamente les acarrearía pérdidas.
El filme nacional no vende, no gusta, no conecta con la gente, y esto no se debe a la falta de apoyo administrativo, sino a que lleva mucho tiempo estancado en la ordinariez, recurso desesperado con el cual atrajo en cierta época la curiosidad popular, pero del que luego no ha sabido —o no ha querido— desprenderse.
La obligación de proyectar cine autóctono, y el enfado consiguiente del empresariado, son manifestaciones claras del bache que atraviesa la industria fílmica española. Es evidente que si aquí se confeccionase un «séptimo arte» de calidad, sus artífices podrían prescindir de la exhibición forzosa e incluso del auxilio económico estatal. Funcionaría solo. Pero lo cierto es que, hoy por hoy, segrega bodrios que resultan invendibles porque son infumables. No hace falta una crítica pormenorizada para demostrarlo: basta la realidad comercial para constatar el fracaso de un cine que, falto de historias interesantes y bien urdidas, de ideas innovadoras y de actores con talento, ha convertido la vulgaridad en su rasgo distintivo.
En el fondo, todo se reduce a un error político: la subvención oficial; una sopa boba muy peligrosa para el arte contemporáneo puesto que, por un lado, puede sumirlo en la comodidad que da el jornal asegurado, y por otra, limitar su evolución a unas pocas líneas ideológicamente compatibles con el poder de turno. El resultado es el arte monótono, la película predecible y soporífera que repele al espectador y disuade al empresario.
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